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Las 4 leyes de la prosperidad según Gaines

Es importante fijarse metas para ver con honestidad dónde estás en este momento y escoger dónde quisieras estar

La pregunta no es qué pasa si yo muero mañana. La pregunta es qué pasa si vivo otros veinte o treinta años de esta misma manera.” Kim Wolinski Es difícil creer que podemos tener todo lo que queremos en esta vida. Nos es difícil sentirnos merecedores, porque en nuestro interior hemos ido almacenando una cantidad de creencias limitantes, que solo generan la ausencia de la prosperidad. Una vida próspera es mucho más que el dinero: tiene que ver con sentir alegría, lograr tus posibilidades más grandes y convertirte en la persona en que Dios te pensó. Edwene Gaines es considerada una de las maestras en el tema de la prosperidad. Y es que ella propone adoptar ciertas prácticas como forma de vida. Prácticas basadas en el dar, perdonar y entregarnos; en dejar a un lado la conducta referente a la culpa, la búsqueda de los errores, las críticas y las conductas negativas.

Y es que le doy la razón a esta maestra en afirmar que el dinero es como el amor: cuánto más das, tanto más tienes. El amor es un recurso ilimitado y el dinero también. Dios creó ambas para enriquecer nuestras vidas y permitirnos vivir completa y plenamente con alegría. Al leer su libro ‘Las cuatro leyes de la prosperidad’, editorial Prana, pude comprender el porqué es una mujer próspera. Y es que lo decimos, lo repetimos y volvemos a leer pero no cambiamos nuestras conductas de raíz. En su libro, Gaines nos propone comenzar por vivir estos criterios. Al fin de todo ¿qué puedes perder? Las cuatro leyes espirituales que gobiernan tu prosperidad, según Gaines: Debes dar 10% de todo lo que recibas a la persona, lugar o institución de donde recibes tu alimento espiritual. Poner a Dios primero en tus finanzas es un acto de valor dinámico. Cuando lo haces, tu fe y tu habilidad para mejorar, para avanzar y para aumentar tu visión de ti mismo y de tu vida, se incrementan en forma exponencial.

En Malaquías 3, 10, Dios nos dice “Traigan a mi templo sus diezmos y échenlos en el cofre de las ofrendas; así no les faltará alimento. ¡Pónganme a prueba con esto! Verán que abriré las ventanas del cielo y les enviaré abundantes lluvias… Yo soy el Dios Todopoderoso y les juro que así lo haré”. ¿Te resistes a esto? Ella comenta que mucha gente se resiste, pero después de un tiempo de intentarlo, se maravillan de tanta bendición. Inténtalo y déjate sorprender por Dios. Debes fijarte unas metas claras y tangibles. Fijarse metas significa ver con honestidad dónde estás en este momento, escoger dónde quisieras estar y establecer una intención deliberada para lograrlo. Haciendo esto nos forzamos a vivir de forma consciente en vez de vivir de forma inconsciente. Debemos perdonar a todos todo el tiempo. Y en especial a nosotros mismos. El perdón es una disciplina, es una práctica espiritual poderosa que nos permite sentirnos valorados para vivir prósperamente. Se necesita dedicación y compromiso para tener compasión y comprensión.

Debemos buscar, descubrir y vivir nuestro propósito divino. Tienes que buscar significado y sentido para tu vida, lo cual te dará fuerza y perseverancia, además de alegría y gozo a tu vida diaria. Cuando estás alineado con tu propósito divino, sientes pasión por todo lo que haces. Cuando no sepas cuál es tu propósito de vida, usa la felicidad cómo brújula. Pregúntate: ¿Qué es lo que más gozas, qué te divierte y en qué sientes que eres bueno? Ahí esta tu propósito divino. Recuerda que la prosperidad es un estado interior que se genera con tus pensamientos y acciones. No podemos ser prósperos o atraer prosperidad si estamos invadidos de cargas negativas, nos quejamos todo el tiempo, estamos enojados con la vida o vivimos constantemente con el ‘poco’, ‘apenas’, ‘no hay’, ‘no es suficiente’. Comenzarás a atraer prosperidad cuando tus actitudes y pensamientos se encaminen hacia la bendición, lo positivo, el dar, la gratitud y tu enfoque en lo que quieres lograr. Y recuerda: la vida es un círculo, lo que hacemos sea bueno o malo, se regresa de forma multiplicada.

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